"Mi Señor Presidente, sabe, lo bueno ahora, que si usted hace lo que siempre y en particular de joven soñaba y quería para su país, para nuestros territorios y sus gentes, determina que a usted ahora nadie lo puede derrocar, porque tiene un pueblo y una nación hermana que lo cuidará y protegerá como a nadie nunca antes."
Somos de Entre Ríos y lo bueno, casi uruguayos. Muchos parecidos, desde el mate y nuestros ríos, formas de ser y formas de mirar, mucho a los ojos, sin vueltas, sin rodeos, sin miedos. También nos equivocamos, y grave. Desde como votamos y hasta como nos hemos traicionado desde el propio poder en definitiva nuestro, por nosotros otorgado. Desde Cavallo, Menem-Duhalde, De la Rúa, de nuevo Cavallo, desde que se vayan todo y todos están. Sin embargo nuestros pueblos han podido y a pesar de todo, detener proyectos faraónicos, ¿se acuerda?, que denunciábamos funcionales a los tratados de libre comercio, al ALCA y ya no recuerdo cuanto más. La represa de Paraná Medio, aquí en la Entre Ríos de los ríos libres, en el apogeo del menemismo durante el 96/97, la detuvo un pueblo con convicciones y compromisos, como tu pueblo, querido y amado, desde las redes, las articulaciones más sentidas, desde los afectos y la desesperación.
Igual sucedió en Misiones con la represa de Corpus, todo un pueblo en un referéndum vinculante le dijo que No y fue también en el 96.
Resulta que ahora —aquellos y estos megaproyectos faraónicos de la Globalización y el rey mercado— son funcionales al Mercosur y la unión sudamericana. Antes y desde el barro de las militancias No, ahora, desde el Poder, Si. ¿Qué nos pasa Presidente cuando llegamos al Poder, qué nos pasa?
Quiero recordarle sobre un viejo Señor Presidente de su país hermano, un médico como usted, Don Arturo Illia, ¿lo recuerda? Claro que sí. Algunos denominados progresistas de estos tiempos resulta que sin nombrarlo se aferran a aquellos hechos impresionantes que en la década del 60 el viejo bueno, el viejo médico decidió anular los contratos petroleros vergonzantes de Frondizi y arremetió con una legislación social sobre los medicamentos que volvió loco a los mayores laboratorios y las potencias del Norte. Y vino el Golpe de Estado del 66.
Mi Señor Presidente, sabe, lo bueno ahora, que si usted hace lo que siempre y en particular de joven soñaba y quería para su país, para nuestros territorios y sus gentes, determina que a usted ahora nadie lo puede derrocar, porque tiene un pueblo y una nación hermana que lo cuidará y protegerá como a nadie nunca antes.
Seguramente habrá miles de entrerrianos que cruzaremos la frontera para defender su soberanía popular, cuando usted firme el decreto promulgando la Ley del H. Congreso de la Nación Uruguaya, que disponga dejar sin efecto los tratados de protección de inversiones de los países del Norte y por lo tanto ratifique la reforma constitucional por el agua y se le informe a las celulosas que deben abandonar el Uruguay, pues ha derogado las autorizaciones oscuras que su predecesor le dejó como hecho consumado o herencia maldita. Lo maldito se rechaza, se niega, no se acepta y lo consumado se diluye desde lo no pensado que su pueblo puede crear y lo está haciendo desde el silencio casi primaveral de las mejores y más lucidas explosiones de estos días de estudiantes liberándose en paz, silencio militante aún tan respetuoso a usted y su Partido.
Ese día, Sr. Presidente, Latinoamérica será una fiesta, una celebración, será el día no de la revolución, tampoco de la liberación, menos de la guerra, simple y fantásticamente, será el día en que las democracias de Latinoamérica y sus pueblos, sabrán que se puede, que se debe hacer, con todos y sabedores de tantos riesgos, pero riesgos, con tantos, pero tantos junto a usted. No será una semilla más, ni La Semilla, pero será la suya y la nuestra. Será sí única, pero lo más genial, es que podrá ser repetible por el sur posible.
Le pedimos un favor, cuando usted se resuelva, no deje de convocarnos, marcharemos con nuestros hijos, nuestros abuelos, nuestros muertos y los seres por nacer, para gritar, claro que sí, Sr. Presidente, se puede, y le aseguro que vamos a danzar y llorar como en aquellos días de niños, de adolescentes con utopías lejanas, ¿se acuerda? donde hacerlo, Sr. Presidente, no era vergüenza. Vamos a abrazarnos como se abrazaron los pueblos de Gandhi o del mayo francés, o como los mapuches y guaraníes aún en su resistencia, o nuestros casi perdidos charrúas, por no hacer esto, sí esto, que usted, usted Sr. Presidente, ahora, hoy, puede hacer, desde el silencio más íntimo y sereno de y desde su Ser y su Sur.
Como dice un maestro nuestro, por estas tierras, don Carlos Galeano, lo saludamos, con un abrazo esperanzador y luminoso. Chau Tabaré, y un último favor, pequeño ahora pero gigante desde los secretos más nuestros, no deje de poner en los considerando de sus Decretos, la cita sencilla, simple, de las mejores enseñanzas, advertencias y anticipos de Don Eduardo Galeano, se y nos lo merecemos. Chau.
Jorge Daneri
Publicado en
El Diario
www.eldiario.com.ar